¿Queda alguien que no me conozca?

Solo soy parte del planeta/
mi unicidad (que la tengo) está condicionada por el hábitat/
polvo somos y en polvo nos convertiremos/
eso sí, ¡con alegría! /
La felicidad está en el camino/ No tengo prisa/
Hasta aquí llegaron mis transpiraciones/
Desde acá distribuiré mis escorrentías/
Para terminar, el secarral.
Mi vida siempre ha estado imbricada al curso del Ebro. Con el aderezo adecuado de la meseta castellana y su propia ribera. El Duero. 
Nací por urgencia en la ciudad de Burgos peregrinando mis padres de Belorado a Reinosa
A los pies de Pico Tres Mares, acunado por el sonido del manantial de Fontibre, descubrí el amor y la amistad infantiles. Los olvidé (a tí no, Mariano). Practiqué la música gracias a Beethoven y a Liszt. Ellos fueron muchísimo mejores. Pero algo quedó. Aprendí algunas cosas: a esperar mientras mi padre me enseñaba a pescar; a esforzarme por aprender mientras abría camino de casa al colegio quitando la nieve con una pala; a soñar con elfos y hadas por los praos del valle; a huir de los trolls por los recovecos de las húmedas calles del pueblo. Fueron días felices. 
Emigramos a Aranda de Duero en el momento oportuno. Desembarqué en la juventud, sus amores, sus amistades. Los dejé atrás (a Carlos no le encuentro y a Vicente lo ví por última vez en mi viaje de novios, a Belén la perdí, y Rosa creó su propia vida. Supongo). 
Asaltando la juventud, en la ribera del Duero, me hice iconoclasta, rebelde, agnóstico, amante, poeta por los Machado y Miguel Hernández, aficionado a la música, al cine y a la literatura. Escuché a Triana en público y a Patxi Andión a escondidas. Jugué al teatro "En la ardiente oscuridad" (supongo que Buero no me lo perdonaría) y disfruté en otras oscuridades de las sutilezas tópicas. 
Huí del clan y de su dependencia antes de formarme suficientemente, tanto en lo académico como en lo vital. Sin ningún plan. Donde el Ebro pierde su identidad para amamantar al mar Mediterráneo. 
A otra vida, otra escuela, otro yo. Para seguir siendo amante, poeta, agnóstico, rebelde, ecléctico en la música, el cine, la literatura. 
Acabé mi trashumancia de nuevo en la orilla del primer rio, en La Rioja, donde los embates del trabajo exacerbaron mi inquietud social y política a fuerza de cicatrices invisibles en mi mente. Y unos cuantos sustos en los años de plomo. 
Encontré ese tesoro que el ser humano necesita para culminar su vida. Pilar, te amo. 
Llegó el paro. El esfuerzo para encontrar trabajo estable. Opositor. Lo logré. 
Descubrí el buen vino. Y la verdadera amistad. 
Me involucré en lo político y lo sindical. Tuve mi momento. Pasó. 
Estuve a punto de destrozarlo todo. Me salvaron. Gracias, Alfredo y Marian 
Sigo siendo amante, poeta, agnóstico, rebelde, ecléctico en la música, el cine y la literatura. 
Pero con más años. Y mi propia familia. 
Me encanta viajar. Para volver. 
Creo en la humanidad, pero los individuos me desconciertan. Por eso cada día tengo menos compromisos. 


© José Antonio Ferrández

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